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Minga por la Alforja

La Alforja Educativa nació como una herramienta para acercar la salud, la ciencia y la ternura a las aulas. Hoy, esa semilla florece más allá de fronteras, alimentada por la fuerza de comunidades, docentes y promotores de salud que han hecho de la educación un acto de encuentro y esperanza. La Minga por la Alforja es ese tejido colectivo que se expande por América Latina y el mundo, donde cada experiencia compartida, cada traducción, cada historia vivida en el aula reafirma que aprender sobre salud es también aprender a vivir bien, en armonía con los demás y con la Tierra.

En las alturas de Puno, docentes, niños y líderes comunitarios se reunieron en 2019 para compartir cómo la Alforja Educativa se adapta a sus territorios. Entre cantos, rituales y reflexiones, se reafirmó que el aprendizaje intercultural es una forma de sanar.

Este encuentro, acogido por la Universidad del Altiplano, mostró que la salud escolar, cuando se construye desde la comunidad, tiene raíces profundas y alas amplias:  revitaliza los saberes ancestrales, siembra conciencia sobre el uso responsable de los antibióticos y convierte el aula en un espacio para promover la salud.

El altiplano nos convocaba con sus fuerzas, con sus historias, sabores y colores. El lago Titicaca reflejaba la energía no solo del lugar sino de la magia del Encuentro.

La Alforja también habla en otras lenguas. Traducida al kichwa, portugués e inglés, su mensaje se multiplica entre docentes y comunidades que reconocen la importancia de enseñar salud desde la diversidad cultural. Estas traducciones no solo amplían su alcance, sino que reflejan el espíritu mismo del Sumak Kawsay: respeto por las diferencias, reciprocidad y aprendizaje mutuo. Cuando una historia se cuenta en otra lengua, florece un nuevo modo de entender el mundo microbiano, la vida y la solidaridad.

Desde los primeros años de vida, los niños y niñas pueden explorar el mundo invisible de los microbios con curiosidad y ternura. En el aula preescolar, la Alforja Educativa se convierte en una caja mágica donde las actividades sensoriales, los cuentos y los juegos enseñan que la salud está en nuestras manos, en los alimentos, en el agua y en la Tierra que nos sostiene. Esta metodología despierta la observación, el respeto y el amor por la vida desde las edades más tempranas.

Desde Brasil hasta Argentina, la Alforja Educativa sigue abriendo caminos. En Brasil, de la mano del Instituto de Salud Planetaria, se ha integrado en programas que promueven la agroecología, la salud ambiental y la formación de educadores en el enfoque Una Salud. En Argentina, el Diplomado en Promoción de la Salud Escolar de la Universidad Nacional de Mar del Plata incorpora los principios de la Alforja, fortaleciendo capacidades docentes y comunitarias. Estas experiencias demuestran que, cuando la educación se nutre de lo local y se conecta con lo global, nacen nuevas formas de pensar y cuidar la salud.

El arte y la comunicación como semillas de cambio

“Pequeños Mundos, Grandes Ideas” nos recuerda que la educación en salud no se limita a manuales o diagnósticos, sino que se construye en la creatividad de la niñez y en la capacidad de las comunidades de expresarse con sus propios lenguajes. El arte y la comunicación son semillas que germinan en canciones, cuentos, dibujos y cómics, y que florecen en aprendizajes colectivos con impacto real en la vida cotidiana.

Educar con arte es sembrar futuro: un futuro donde la salud, la vida y la creatividad caminan de la mano.