30 Abr

¿Cómo controlar la pandemia? La vida, primero

Cada persona en el planeta es necesaria para enlentecer la propagación de la infección y desarrollar inmunidad colectiva. Eso significa despertar nuestra creatividad individual y colectiva para generar soluciones, a diferentes niveles. Todo suma. Desde la iniciativas para atender a los ancianos del barrio hasta las propuestas económicas para sobrellevar el confinamiento masivo, pasando por el uso constructivo de las redes sociales. 

¿Qué podemos hacer para bajar el ritmo de propagación del virus?

Necesitamos actuar con cautela, pero ágilmente, analizando información fundamentada y las evidencias científicas. Algunos países lograron reducir significativamente la transmisión y estabilizar la epidemia, tomando tres medidas, que constituyen prioridades absolutas[1]

  • Protegiendo a los trabajadores de la salud, por sus propios derechos, por su familia, para evitar la diseminación del virus y porque la sociedad los necesita más que nunca atendiendo sus labores sanitarias.
  • Realizando pruebas biomoleculares tomando en cuenta todas las recomendaciones, informar rápidamente de los resultados y aislar a las personas en caso de ser positivos. Esta es una medida indispensable, porque un porcentaje aún no determinado de los infectados son totalmente asintomáticos. Otro porcentaje considerable padece síntomas leves y no buscan los servicios de salud. 
  • Poniendo en cuarentena a las personas que por diferentes razones podrían portar el virus, pero no se les pueda realizar la prueba. El Estado tiene que encargarse del aislamiento y de la cuarentena de las personas que no se puedan sostener por sus propios medios y velar por sus familias.

¿Qué acciones deberíamos implementar desde una perspectiva integral de salud?

Fotografía: Cristian Newman.
  • El cuidado mutuo: necesitamos protegernos colectivamente, cuidándonos unos a otros. Todos podemos contribuir, la academia, el sistema educativo, el campesinado, el sector industrial. Por ejemplo, las empresas podrían reorientar la producción hacia la generación de insumos necesarios para combatir el coronavirus. 
  • Garantizar alimentación saludable para todos: durante y después de la cuarentena, una alimentación saludable es una prioridad. Para ello, tenemos que promover la agroecología y propender hacia la soberanía alimentaria (capacidad de producir para autoabastecimiento), a nivel comunitario, provincial y nacional. Los gobiernos y la sociedad solidariamente deben garantizar la alimentación de las personas y las familias más frágiles. 
  • Vivienda digna, servicios básicos y saneamiento ambiental: la pandemia nos ha demostrado que el confinamiento sólo puede realizarse bajo un techo digno, con agua y aire fresco, con servicios básicos garantizados, en ambientes seguros, adecuados a las necesidades de los adultos mayores y los grupos de atención prioritaria. 
  • Fortalecimiento urgente de los sistemas de salud pública: la pandemia nos ha demostrado una vez más la importancia de un sistema de salud público, integrado en todos los niveles, de carácter universal, prioritariamente consagrado a la prevención y promoción de la salud. Esto implica respetar los derechos del personal sanitario, desarrollar programas de formación continua y trabajar sistemática y permanentemente en la educación en salud para la ciudadanía. Adicionalmente, se necesita del apoyo de todos los servicios de salud privados, la red pública no puede sola con una pandemia. La crisis también nos enseña la necesidad de que los Estados asuman la responsabilidad de la producción y la administración de los insumos necesarios para la atención sanitaria. 
  • Garantizar agua limpia y segura para todos: es necesario cuidar los ecosistemas esenciales en el ciclo hídrico y las fuentes de abastecimiento para consumo humano y producción de alimentos. Asimismo, es necesario universalizar la dotación de agua potable. En tiempos de pandemia, ha quedado al descubierto el drama de las miles de familias que carecen de este servicio básico. Para que este derecho humano fundamental tenga fiel cumplimiento, los servicios de agua potable tienen que ser públicos. 
  • Justicia social: este es un tema muy complejo, pero el centro de la solución pasa por la distribución equitativa de la riqueza, con medidas de corto, mediano y largo plazo. No podemos aspirar a un mundo más saludable si no abordamos los problemas sociales, económicos, políticos y ambientales subyacentes, que confinan a las personas y comunidades en la cárcel de la pobreza y, por consiguiente, de la enfermedad .
  • Sistemas de salud regionales y sistema de salud global: la pandemia ha puesto al descubierto la imposibilidad de enfrentar el problema por separado, porque supera las capacidades incluso de los países mejor preparados. Es necesario construir sistemas de salud supranacionales, a nivel regional y global, para intercambiar conocimiento, incentivar la investigación, trazar planes concertados y desarrollar programas de abastecimiento de suministros, equipamiento y personal de salud. 
  • Cuidar la salud de la Madre Tierra: tenemos que conocer el estado de los suelos, el agua, el clima y la biodiversidad en la Tierra, concebirla como un macro-ecosistema, y comprender su relación con la salud y la enfermedad de los seres humanos. En otras palabras, tenemos que investigar a fondo la relación entre la salud ambiental, a nivel planetario, y la salud humana, identificar las causas de la enfermedad y consensuar una guía terapéutica para la sanación de la Madre Tierra. 

Volveremos a construir el mundo que soñamos

A pesar del miedo, la ansiedad, el dolor y la muerte, la crisis y las dificultades terminarán. Ahora, necesitamos unidad de acción, compromiso con la vida, servicios de salud preparados, con profesionales protegidos; ciudadanía consciente de la gravedad de la crisis sanitaria, disciplinada y solidaria, convencida que hoy es por ti y por mí al mismo tiempo. 

Este tiempo pasará y  nos volveremos a ver, nos juntaremos de nuevo en un solo abrazo fraterno. Volveremos a soñar, a reír y llorar. Comenzaremos a construir de nuevo el mundo que quieren y sueñan nuestros niños y niñas. La Tierra de esperanza y alegría, de paz y solidaridad, de armonía y respeto a todas las formas de vida, será la Tierra de todos y todas. 

Abracémonos con el Corazón 

Arturo Quizhpe P. pediatra

Kléver Calle H, comunicador


[1] En esta sección, no se consideran los servicios hospitalarios para los casos graves y críticos.