18 Abr

Infección y muerte de los trabajadores de la salud por COVID-19

 Investigación publicada por la revista británica: BMJ Global Health.

En una revisión sistemática de 152 888 infecciones y 1413 muertes registradas durante la primera fase de la pandemia hasta el 8 de mayo del 2020, el estudio destaca que: las infecciones fueron principalmente en mujeres (71,6%, n=14058) y enfermeras (38,6%, n=10706), pero las muertes fueron principalmente en hombres (70,8%, n=550) y médicos (51,4%, n=525). Los datos limitados sugirieron que los médicos generales y las enfermeras de salud mental fueron las personas de mayor riesgo de muerte. Se notificaron 37,2 muertes por cada 100 infecciones para los trabajadores sanitarios mayores de 70 años. Europa registró el mayor número absoluto de infecciones (119628) y muertes (712), pero la región del Mediterráneo oriental registró el mayor número de muertes por cada 100 infecciones (5,7).

Fotografía de Paolo Miranda, enfermero italiano que ha realizado fotografías de lo que ha significado la pandemia para el personal sanitario.

¿Cuáles son los nuevos hallazgos del estudio?

► Entre los médicos, los generales fueron los de mayor riesgo de muerte, mientras que la especialidad de enfermería de mayor riesgo fue la salud mental.

► La mayoría de los casos y muertes por COVID-19 se notificaron en el rango de edad de 50 a 59 años, mientras que el grupo de más de 70 años tuvo la tasa de letalidad más alta.

► Europa tuvo el mayor número de infecciones y muertes, pero la tasa de letalidad más baja, mientras que la región del Mediterráneo Oriental tuvo la tasa de letalidad más alta; por población, regiones como el subcontinente indio y África registraron un número relativamente bajo de infecciones y muertes.

¿Qué implican los nuevos hallazgos sobre el personal sanitario?

Según el artículo publicado por el British Medical Journal, BMJ GLOBAL HEALHT, los siguientes son los aprendizajes, conclusiones y sugerencias del estudio: 

► Aunque los médicos que trabajan en determinadas especialidades pueden considerarse de alto riesgo debido a la exposición frecuente a secreciones oronasales, no debe subestimarse el riesgo para otras especialidades del personal sanitario.

► Las altas tasas de morbilidad y mortalidad en los trabajadores de la salud de edad avanzada pueden requerir asignarlos a entornos menos riesgosos, como telemedicina, clínicas para pacientes ambulatorios sin COVID-19 o puestos administrativos.

► Además, las disparidades entre las regiones del mundo pueden ser una verdadera diferencia o pueden reflejar sesgos de informes y pruebas.

Luego de más de un año de enfrentar la pandemia, se puede inferir del cansancio al que está sometido el personal sanitario debido al alto número de muertes que han tenido que presenciar, la presión por las decisiones para priorizar a quién brindar lo servicios sanitarios por la falta de equipo e infraestructura, y las largas jornadas de trabajo. 

De allí, proteger a todos los trabajadores de la salud (TS) de la infección y la muerte debe ser un elemento central de cualquier respuesta a una pandemia. Es esencial para el bienestar de los propios trabajadores sanitarios y de los sistemas de salud en general debido al papel fundamental que desempeñan los trabajadores sanitarios para hacer frente a las pandemias. Un aumento en la infección y la mortalidad de los trabajadores sanitarios pone en riesgo a los pacientes, aumenta la carga sobre los trabajadores sanitarios no infectados y, en general impide una atención segura, eficiente, eficaz y  de calidad.

El aprendizaje de la pandemia de COVID-19, hasta ahora, nos ha dejado lecciones importantes que deben asimilarse para prepararse para posibles nuevas oleadas de la COVID-19 y que también contribuirán a la resiliencia general de las respuestas a la pandemia.

Para garantizar que todos los trabajadores sanitarios estén continuamente protegidos se recomienda: capacitación en control de infecciones; provisión adecuada y oportuna de quipos de protección personal; diagnóstico temprano y tratamiento basado en las mejores prácticas actuales; horario flexibles para evitar el exceso de trabajo, etc. 

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04 Abr

Abuso de antibióticos para tratar niños con COVID-19

Pese a que la COVID-19 es una enfermedad viral para la cual no es efectivo el uso de antibióticos (éstos sirven para tratar infecciones provocadas por bacterias) y que la enfermedad en niños es leve, un estudio realizado en cinco países de América Latina halló que al menos una cuarta parte de los pacientes pediátricos diagnosticados con COVID-19 recibieron tratamientos con antibióticos.

Al analizar una muestra de 990 casos de menores de 18 años de países como México, Colombia, Perú, Argentina y Costa Rica, tanto hombres como mujeres, diagnosticados con COVID-19, el grupo de investigadores obtuvo estos resultados.


Revisar el estudio completo


El estudio fue coordinado por la médica y epidemióloga Adriana Yock-Corrales, del Departamento de Emergencias Pediátricas del Hospital Nacional de Niños “Dr. Carlos Sáenz Herrera” en San José (Costa Rica) y publicado en la revista médica de pediatría Acta Pediátrica.

Algunos datos:

  • La fuente de transmisión más común del nuevo coronavirus hacia los niños fue a través de uno de sus padres en el 28,4% de casos.
  • Pese a que algunos casos si requirieron antibióticos por alguna co-infección, la mayoría de los casos no los necesitaba puesto que los síntomas eran provocados por el SARS-Cov-2.
  • El riesgo de complicaciones que genera este virus en la población pediátrica es bajo, ya que del total de 303 (30,6%) niños que ingresaron al hospital, solo 47 (4,7%) requirieron ingreso en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).
  • La aparición de fiebre fue en 677 casos (68,4%); síntomas sugestivos de infección del tracto respiratorio en 466 (47,1%) y síntomas gastrointestinales en 301 (30,4%), lo que implica que la mayoría de los pacientes va a presentar fiebre y en una muy baja proporción, los clásicos síntomas respiratorios esperados en esta patología. Por este motivo, el paciente pediátrico no siempre cumple con las definiciones de caso epidemiológicos para la infección por SARS-CoV-2, por lo que se vuelve difícil para la/el profesional médico diferenciar la infección.

Igual panorama se presentó en pacientes adultos diagnosticados con COVID-19. Reportes sobre el uso de antibióticos en hospitales indican que apenas un 6,9% tuvieron co-infecciones bacterianas, sin embargo el 71,9% recibió antibióticos.

Existe una grave preocupación a nivel global por la administración de antibióticos en los tratamientos para la COVID-19 y los riesgos que esto significa para la aparición de superbacterias y la efectividad de los tratamiento ahora y para el futuro. Al inicio de la pandemia, en regiones como América Latina, la desinformación y el pánico provocó la automedicación generalizada de la población con antibióticos, lo que nos hace pensar que la resistencia bacteriana a los antibióticos también se aceleró.

22 Mar

Sin agua no hay salud ni educación para la niñez

CADA 22 DE MARZO SE CELEBRA EL “DÍA MUNDIAL DEL AGUA”, a fin de hacer un llamado y sensibilizar sobre su importancia fundamental y cuidado para la salud y continuidad de la vida.

Un día para recordarnos que el acceso al agua segura es un derecho humano fundamental. Sin embargo, muchas comunidades alrededor del mundo se ven limitadas en el acceso al agua potable y, por lo tanto, afectadas en su salud. A través del informe[1] elaborado por UNICEF y la Organización Mundial de la Salud se evidencia la alarmante situación global, “alrededor de 2.200 millones de personas en todo el mundo no cuentan con servicios de agua potable gestionados de manera segura, 4.200 millones de personas no cuentan con servicios de saneamiento gestionados de manera segura y 3.000 millones carecen de instalaciones básicas para el lavado de manos” [1].

En el contexto actual, atravesando a nivel mundial una pandemia, el acceso al agua segura, para el correcto y frecuente lavado de manos, se convierte en una necesidad doblemente esencial, para prevenir la COVID 19 y otras enfermedades infecciosas.

La región de Latinoamérica posee una cobertura del 74% de agua potable segura, siendo aún un 24% insatisfecha, particularmente en las zonas rurales y pobres, que agravan su situación de pobreza por la prevalencia de enfermedades producto de la falta de acceso al líquido vital. Sumado a eso que la cobertura de saneamiento apenas alcanza un 31%, poniendo en mayor estado de vulneración el Derecho a la Salud de niños, niñas y adolescentes. 

Si el agua no es segura para su consumo, puede convertirse en un transmisor de enfermedades infecciosas.

Derecho de los niños y niñas al agua

Teniendo en cuenta la situación mundial sobre el acceso al agua, niños y niñas se encuentran en un estado de vulnerabilidad mayor. Su consumo es vital y forma parte de la vida cotidiana de las personas, para su uso en saneamiento e higiene, y tiene, además, un valor importante para preservar la dignidad de las personas. 

No tener agua segura y disponible en edades tempranas es la principal causa de enfermedades causantes de muerte, “cada año, 297.000 niños menores de 5 años mueren debido a la diarrea relacionada con la falta de agua, saneamiento e higiene” (OMS). 

Se estima que alrededor de 400 millones de niños y niñas en edad escolar son infectados por parásitos intestinales producto de aguas contaminadas, perjudicando su aprendizaje pleno.

Generalmente, las tareas domésticas como la recolección de agua, limpieza de las letrinas y la eliminación de los desperdicios son realizadas por niñas, lo que impide que las niñas asistan regularmente a la escuela. 

En relación a la niñez es importante destacar que el agua es fundamental para que los niños y niñas puedan mantener la higiene necesaria para una vida sana, digna, aprendiendo a cuidar y respetar su cuerpo. También tiene un rol importante en el crecimiento y desarrollo infantil. Junto con una alimentación adecuada, una hidratación suficiente y segura es indispensable para desarrollarse saludablemente.  

Agua para garantizar el derecho a la salud y la educación

Cuando los chicos y chicas mantienen una buena salud y no se enferman frecuentemente, logran mantener una escolaridad regular, culminar sus estudios y desarrollar de mejor manera sus metas y proyecto de vida. 

Disponer de escuelas con agua y saneamiento adecuados garantiza el Derecho a la Salud y a la Educación de niños y niñas. Proporcionando un espacio escolar adecuado y que mantiene las necesidades básicas de consumo de agua, higiene y saneamiento, la niñez puede concurrir libremente a la escuela, estar en condiciones de salubridad que les predispone a mejores condiciones de aprendizaje, juego y relación con sus pares. Todos aspectos esenciales para un desarrollo infanto-juvenil saludable. 

La situación de las niñas en relación a la escolaridad, agua y saneamiento tiene aspectos particulares. Las niñas, en especial durante su período menstrual, necesitan privacidad y acceso al agua para su correcta higiene y seguridad. No disponer de estas necesidades, en muchas situaciones favorece la ausencia de las niñas a las clases, pudiendo desencadenar una posterior deserción escolar. 

 Para abordar esta problemática, en el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 6, se hace especial referencia a la situación de mujeres y niñas: “Para 2030, lograr el acceso equitativo a servicios de saneamiento e higiene adecuados para todos y poner fin a la defecación al aire libre, prestando especial atención a las necesidades de las mujeres y las niñas y las personas en situaciones vulnerables”.

Otro factor importante a tener en cuenta es que, el agua segura, es garantía de la disminución de enfermedades infecciosas teniendo un doble efecto. Por un lado, reduciendo de esta forma las brechas de pobreza, puesto que las familias pobres pueden invertir mejor sus ingresos en otras prioridades y no en medicamentos y tratamientos; y por otro lado, reduce la prevalencia de la resistencia bacteriana, debido a que al reducir las infecciones se reduce el uso de antibióticos.

Todos los niños y niñas deben conocer sus derechos, para poder defenderlos y exigir su cumplimiento cuando no sean garantizados.  

Aunque algunas regiones, países e incluso ciudades pueden ser más favorecidas en relación al acceso al agua, el compromiso de las personas y los Estados por garantizar el agua segura, debe ser una prioridad.

En la mayoría de los países de la región, son responsabilidad de los gobiernos locales (Municipios / Prefecturas) la dotación de acceso a agua potable segura, para garantizar la salud plena de la población, por tanto, quienes deben dotar de la infreaestructura necesaria para que se garantice el acceso al agua en los establecimientos escolares y educativos.

También es nuestra obligación hacer frente al cambio climático, puesto que la región de Latinoamérica es una de las regiones con mayores sucesos de incertidumbres y amenazas en la dotación de agua segura.  Largas temporadas de estiaje y sequía, provocan el desabastecimiento y por tanto racionamientos y cortes, y por otro lado, las constantes lluvias producen deslizamientos frecuentes que ponen en riesgo las fuentes de captación de agua. Actividades extractivistas o de deforestación atentan contra las fuentes y cuerpos de agua, limitando también la disponibilidad de agua para consumo humano.

Relacionado:

agua

Referencias: 

https://www.who.int/es/news/item/18-06-2019-1-in-3-people-globally-do-not-have-access-to-safe-drinking-water-%E2%80%93-unicef-who

https://blogs.worldbank.org/es/voices/la-falta-de-acceso-un-retrete-y-articulos-para-el-lavado-de-manos-afecta-mas-las-mujeres-y-las-ninas

https://es.unesco.org/news/aguas-latinoamerica-y-caribe-contribuciones-tiempos-covid-19

https://www.unicef.org/wash

https://www.argentina.gob.ar/obras-publicas/hidricas/agua-potable-y-saneamiento-0

https://www.argentina.gob.ar/obras-publicas/hidricas/agua-potable-y-saneamiento-0

https://publications.iadb.org/publications/spanish/document/Servicios-de-agua-potable-y-saneamiento-resilientes-en-America-Latina-y-el-Caribe.pdf


[1] Informe del Programa Conjunto de Monitoreo, Progress on drinking water, sanitation and hygiene: Special focus on inequalities, 2000-2017 (Progresos en materia de agua potable, saneamiento e higiene: Atención especial a las desigualdades, 2000-2017)

08 Mar

Las brechas de género y la resistencia a los antibióticos

Los antibióticos son uno de los soportes de la medicina moderna, sin los cuales no sería posible el tratamiento de las infecciones como la neumonía, del tracto urinario o la tuberculosis, como tampoco sería posible los trasplantes de órganos, tratamientos para el cáncer o cirugías; sin embargo, el uso de estos medicamentos puede verse limitado y los tratamientos fracasarían debido a la resistencia bacteriana a los antibióticos, producto del uso inadecuado.

También estos medicamentos son importantes para la salud animal, por lo que, si la prevalencia de la resistencia se mantiene o avanza, podría poner en riesgo la producción de alimentos y la aparición de enfermedades zoonóticas. Las personas que trabajan en la salud, la agricultura o la producción de alimentos también se volverán más vulnerables, ya que están cada vez más expuestas a bacterias resistentes en los animales y humanos con los que interactúan.

Pero, ¿cómo acceden los diferentes grupos poblacionales a los tratamientos con antibióticos? ¿Cuál es el uso que le dan los diferentes grupos, basados en sus condiciones físicas y sociales, a los antibióticos? ¿Cómo es la respuesta de la población a la enfermedad, al uso de medicamentos y al acceso a los servicios sanitarios? ¿Cómo afecta los contextos socio culturales al uso adecuado de los antibióticos y la resistenccia bacteriana, particularmente en los países de ingresos medianos y bajos?

Un enfoque de integración de la perspectiva de género puede ayudar a responder estas preguntas cruciales sobre cómo los hombres, las mujeres y las personas de diversos géneros podrían tener riesgo diferente para enfermar y/o ser afectados por la resistencia a los antibióticos. También puede ayudar el diseño e implementación de programas para abordar la resistencia a los antibióticos e identificar los vínculos multisectoriales que deben formar parte de la intervención. La incorporación de la perspectiva de género puede brindar oportunidades para compartir los costos del programa, facilitar perspectivas más holísticas y resultados sostenidos a largo plazo.

Y es con ese objetivo que ReAct da el primer paso para integrar a su trabajo el entendimiento de las intersecciones entre sexo, género y resistencia bacteriana a los antibióticos en un informe que recoge estas interrogantes y que parten de reflexiones académicas sobre los conceptos y que luego expone en la práctica las enfermedades, el acceso y uso de los antibióticos y las brechas que se generan en los diferentes contexto socio culturales.

A lo largo de este estudio, se puede notar las diferencias en la prevalencia de las  enfermedades según las condiciones físicas y biológicas de las personas. Por ejemplo, las mujeres quedan embarazadas mientras que los hombres no, y los cambios fisiológicos en el sistema inmunológico durante el embarazo se han relacionado con resultados graves de algunas enfermedades infecciosas como la tos ferina y la influenza. Otro ejemplo, las infecciones de tracto urinario (ITU) son más recurrentes en las mujeres que en los hombres en una proporción de 8 a 1. Sin embargo, tanto la aparición de la enfermedad como el acceso a los tratamientos, presentan brechas que están en relación con los contextos sociales y culturales. Así por ejemplo, la mutilación genital de niñas les produce a lo largo de su vida mayor incidencia de las ITU. En el caso de Tanzania, por ejemplo, las mujeres con ITU tienen menos probabilidades de recibir tratamiento, principalmente debido al estigma, porque en el caso de las mujeres, las infecciones urinarias se consideran una infección de transmisión sexual, en tanto que no se percibe así para el caso de los hombres y los niños. Como tal, las mujeres con sospecha de infección urinaria se automedican en casa con antibióticos o engañan a los proveedores de salud sobre sus síntomas, lo que provoca prescripciones incorrectas que podrían incrementar la resistencia a los antibióticos.

También está el caso de la automedicación. Un estudio reseña que los hombres portugueses tenían el doble de probabilidades de acceder a antibióticos por su cuenta en relación a las mujeres. Sin embargo, en los países de ingresos bajos y medios, la cifra se invierte. Las diferencias entre profesionales mujeres y hombres también es evidente: las doctoras hacen hincapié en la medicina preventiva, prescriben menos antibióticos y sostienen consultas más prolongadas, mientras que los doctores se enfocan en aspectos técnicos como exámenes físicos, historiales médicos y recetas, y por lo tanto brindan diferentes formas de tratamiento a hombres o mujeres, a pesar de tener las mismas enfermedades.

Otro caso de las diferencias de uso de antibióticos y sus consecuencias diferenciadas de la resistencia bacteriana tiene que ver con la crianza de animales. Las familias de sectores pobres, en los que los servicios de salud animales son limitados, y al no contar con recursos suficientes, se encargan por si mismas del tratamiento con antibióticos de animales enfermos, sin el cuidado y manejo adecuado que implica el uso de estos fármacos. Estas prácticas pueden promover la resistencia a los antibióticos, sumado a eso que la única opción disponible para estas personas es el tratamiento casero. 

Por otro lado, las relaciones de poder concentran la propiedad y bienes en manos de los hombres y eso incluye los animales mayores (ganado vacuno, caballos), en tanto que las tareas de cuidado y producción de los animales menores (aves de corral, ovejas, cuyes) están al cuidado de las mujeres. Como consecuencia, en los pocos casos en que los expertos de campo ofrecen a los agricultores capacitación en salud animal y quizás en el uso prudente de antibióticos, es más probable que se invite a los hombres porque son los dueños de los rebaños y son los que toman decisiones sobre la salud del rebaño. Las contribuciones de las mujeres son ignoradas en gran medida, lo que resulta en brechas de género tanto en el conocimiento como en la conciencia sobre la resistencia a los antibióticos.

Para entendre mejor la problemática acerca de las intersecciones entre sexo, género, uso de antibióticos y resistencia bacteriana, ReAct presenta a continuación este informe, con el objetivo de iniciar un .

Genero-y-Sexo-en-la-RBA

Descargar el informe

01 Mar

Impacto de la COVID-19 en la microbiota intestinal

La enzima conversora de la angiotensina 2 (ECA2) es el receptor clave del SARS-CoV-2, el virus responsable de la pandemia de COVID-19. Su expresión en la superficie luminal del intestino condujo a los investigadores a examinar su papel exacto y el impacto de la COVID-19 en la microbiota y el epitelio intestinal.

Si bien la COVID-19 se manifiesta generalmente por síntomas respiratorios, una proporción importante de pacientes presenta trastornos gastrointestinales, en especial diarrea, vómitos y dolor abdominal. En 29 de un total de 35 estudios que incluyeron 6686 pacientes con la COVID 19, la prevalencia de manifestaciones gastrointestinales alcanzó el 4% y la de anomalías de la función hepática el 19%. Estos síntomas fueron más severos en los casos en que la carga viral era mayor. Además, en alrededor del 10% de los casos, los pacientes solo presentaron manifestaciones gastrointestinales, sin ningún síntoma respiratorio.

Una alteración de la regulación de la ECA2 intestinal

Para establecer la relación entre trastornos intestinales y COVID-19, los investigadores se interesaron por el papel de la enzima conversora de la angiotensina 2 (ECA2), receptor de la proteína Spike1 del SARS-CoV-2, en la inflamación intestinal. Se expresa intensamente en el intestino y su función es controlar la absorción de ciertos aminoácidos de la dieta, como el triptófano, que desempeña un papel importante en la inmunidad. En efecto, varios estudios preclínicos sugieren que la ECA2 intestinal es un regulador fundamental de la inflamación intestinal. En un modelo de ratón “ECA2 knockout”2, la ausencia del gen de la ECA2 da lugar a una colitis3 más severa. En otro modelo en el que se induce la inflamación mediante el estrés, el aumento de la expresión de la ECA2 muestra una correlación positiva con una disminución de la inflamación en los animales tratados con un medicamento antihipertensivo4. Así pues, un déficit de ECA2 acentúa la sensibilidad del intestino a la inflamación.

¿Una disbiosis intestinal persistente?

Además, la excreción del virus a través del tubo digestivo sería más prolongada que por vía respiratoria. El ARN del SARS-CoV-2 persiste en las heces en más de la mitad de los pacientes, incluso después de una PCR nasofaríngea negativa, y hasta 33 días después de la curación sintomática de una lesión pulmonar. Un estudio con 15 pacientes muestra también una persistencia de la disbiosis intestinal más allá de la infección, con una pérdida de especies beneficiosas en la mayoría de los pacientes. Por lo tanto, la exposición al SARS-CoV-2 podría tener efectos negativos duraderos sobre la microbiota intestinal.

Según los autores, al regular a la baja la ECA2 intestinal, el SARS-CoV-2 podría alterar la microbiota intestinal y aumentar la inflamación sistémica, lo cual podría explicar el fallo multiorgánico observado en la COVID-19.

Artículo tomado de Biocodex

20 Nov

EXHORTO | Cría intensiva de animales y resistencia bacteriana a los antibióticos

EXHORTO DESDE LAS ORGANIZACIONES COMUNITARIAS, MOVIMIENTOS SOCIALES, LA COMUNIDAD ACADÉMICA E INVESTIGADORA DE LATINOAMÉRICA, A LOS TOMADORES DE DECISIONES GUBERNAMENTALES:

En un espacio de reflexión, intercambio de saberes y empoderamiento entre la academia, organizaciones sociales, comunitarias y la sociedad civil, impulsado desde la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza de América Latina (UCCSNAL), el Instituto de Salud Socioambiental de la Universidad Nacional de Rosario (INSSA),  ReAct Latinoamérica y ReAct Norteamérica, se abordó la temática del uso de antibióticos en la cría intensiva de animales y su impacto sobre la resistencia bacteriana a los antibióticos; en el contexto que atraviesa el país argentino, en donde se ha considerado el incremento masivo de producción de carne porcina. En el evento confluyeron diversas organizaciones de Latinoamérica, con la participación multidisciplinaria de expositores de ReAct, CONICET, Alianza Save Our Antibiotics, OPS/OMS y UCCSNAL.

Reflexiones del encuentro:

La propagación de las enfermedades infecciosas transmitidas de animales a humanos (zoonosis) así como la resistencia de las bacterias hacia los antibióticos, son dos asuntos que han contribuido a generar conciencia de que estamos conectados con las otras especies visibles e invisibles, conocimientos que impulsan el concepto de que la salud humana, animal y ambiental se encuentran interrelacionadas, enfoque de Una Sola Salud. 

Resulta imposible negar el impacto de las intervenciones y actividades humanas sobre la salud de todo el planeta, que se manifiesta objetivamente en la creciente aparición de las zoonosis, algunas de ellas pandémicas, en el calentamiento global, en la contaminación del suelo, del aire, del agua y también de los alimentos. Todo esto impacta directamente a la salud de los seres humanos y de las otras especies, incluyendo el aumento de la resistencia de las bacterias a los antibióticos, argumentos respaldados por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y el Instituto Internacional de Investigaciones Pecuarias (ILRI), pudiendo ser la multirresistencia bacteriana la siguiente crisis sanitaria mundial.


Para adherirse al exhorto, solicitamos llenar un breve formulario al final.


Las bacterias y otros microorganismos, habitan en diversos ecosistemas, y son beneficiosas y esenciales en su amplia mayoría para la salud y la vida de todos los seres, únicamente un porcentaje menor causan enfermedad.  Sin embargo, la resistencia de las bacterias a los antibióticos -proceso en el que las bacterias sufren cambios que hacen que los antibióticos utilizados para tratar las infecciones dejen de ser eficaces- es un   problema que surge ante un uso desmedido e inadecuado de los antibióticos al que están expuestas las bacterias en el entorno humano, animal y ambiental, pues es un mecanismo de las especies para sobrevivir. Resulta indispensable comprender que los mecanismos de resistencia de las bacterias existían desde antes del uso de los antibióticos por los humanos, pero tenían una prevalencia muy baja, el problema de hoy es el uso masivo y abuso de antibióticos en la salud humana, en la crianza de animales para el consumo, la agricultura, los residuos de la industria farmacéutica entre otros. Los antibióticos son medicamentos que han contribuido a combatir las enfermedades por bacterias patógenas y han aumentado la esperanza de vida, sin embargo ante su uso desproporcional las bacterias (tanto las “benéficas” como las patógenas), combaten este ataque incrementando y acelerando abruptamente los procesos de resistencia hacia los antibióticos.

En salud humana se realizan varios esfuerzos para promover el uso racional de antibióticos y controla su uso inadecuado, sin embargo, es necesario mirar objetivamente que según las estimaciones internacionales la mayoría de los antibióticos que se producen y se venden a nivel mundial (70% y en algunos países hasta el 80%) se destina a los animales. Con una proyección de incrementar su uso en la industria pecuaria (animales destinados a la alimentación) en países en vías de desarrollo, asociado a la intensificación de los sistemas de  producción masiva.

El uso de antibióticos en la producción de animales de consumo se encuentra masificado, como tratamiento y preventivo de infecciones que responden y tratan de solventar el hacinamiento y las malas condiciones de crianza de sistemas de producción intensivos, ya sean pollos, bovinos, cerdos, especies acuáticas etc. pero adicionalmente los antibióticos también son usados como promotores de crecimiento que tienen como finalidad acelerar los tiempos de cría, y de comercialización de carne, lo cual no responde al uso de antibióticos como una herramienta de salud. Este tipo de modelos se convierten en dependientes del uso rutinario de antibióticos para asegurar que los animales se mantengan con vida, tratar las infecciones recurrentes, promover que crezcan con mayor rapidez y mantengan la productividad.

Cuando se administran antibióticos a los animales algunas bacterias mutan y se convierten en resistentes. Estas bacterias resistentes son diseminadas a las comunidades, a otros animales y al medio ambiente, a través de los productos alimenticios derivados de estos animales, otros alimentos contaminados mediante el agua, superficies contaminadas y de las excretas que estos animales dejan en el ambiente, o excretas que son diseminadas en otros suelos en forma de abono. Las personas nos exponemos a estas bacterias por medio de la manipulación y el consumo de la comida, o por el contacto con el ambiente contaminado, adquiriendo aquellas bacterias y genes de resistencia.

La selección de la resistencia a los antibióticos puede también ocurrir en el medio ambiente por la exposición a los antibióticos que liberan los animales a través de las excretas. La mayoría de los antibióticos no se metabolizan completamente sino que se liberan en el medio ambiente como sustancia activa por medio de las excretas (30-90%), con el consiguiente impacto ecológico ya que dentro de estos productos de desecho se conserva el potencial de acción antibiótica sobre las poblaciones bacterianas que los rodea, llegando estos inclusive a los cursos de agua, estimulando el aumento de bacterias resistentes y genes de resistencia, que se transfieren a los seres humanos, haciendo más crítica y urgente la situación. En la región pampeana Argentina, investigadores determinaron la presencia de diferentes tipos de antibióticos en los cursos de agua que están alrededor de los sitios de cría intensiva.

Entonces, la resistencia de las bacterias a los antibióticos es un problema médico, ecológico y ambiental grave que amenaza los avances médicos y agrícolas actuales. Tiene graves implicaciones en el funcionamiento de la medicina moderna, porque un mundo sin antibióticos significa volver a una época sin trasplantes de órganos, sin prótesis de cadera, sin muchas cirugías que hoy son de rutina, imposibilidad de quimioterapia para el cáncer, pero también pone en peligro la capacidad para tratar enfermedades infecciosas comunes, infecciones menores podrían volver a ser potencialmente mortales.

La pérdida de efectividad de los antibióticos es un problema no solo para los humanos. El incremento de las infecciones causadas por bacterias resistentes a los medicamentos también significa perder los antibióticos necesarios para tratar a los animales enfermos con las consiguientes consecuencias en la producción. Además, los granjeros y otras personas involucradas en la producción de carne, así como las comunidades, tienen mayor riesgo de entrar en contacto con bacterias resistentes a los antibióticos que han sido identificados en animales de granja y que pueden luego transmitirse a los humanos, ya sea directamente o por contacto con alimentos, agua, aire y suelo, situaciones ya conocidas en SAMR y MCR-1.

Adicionalmente los antibióticos no afectan solo al ambiente externo, no solo contaminan el aire, el agua, el suelo, ejercen presión selectiva y generan resistencia bacteriana, sino que también afectan nuestro cuerpo, al conjunto de seres invisibles (bacterias) que habitan nuestras superficies e interior del cuerpo y afectan al microbioma. En los últimos años, se han realizado grandes avances que permiten comprender el microbioma y cómo los antibióticos producen cambios en él, por ejemplo el intestino humano contiene una amplia gama de “bacterias buenas”, que aseguran una digestión saludable. Desafortunadamente, el uso generalizado de antibióticos y los cambios en las dietas, han causado estragos en el delicado ecosistema del intestino humano. Agotadas las bacterias buenas, las personas tienen problemas en la digestión, e inmunidad reducida frente a las infecciones. 

Sin un cambio radical en el uso de antibióticos, la resistencia a los antibióticos se convertirá en una de las mayores amenazas para la humanidad, para la seguridad alimentaria y para la economía global.

Las soluciones verdaderas y de fondo apuntan a un cambio del modelo de producción. Con políticas de estado orientadas a reducir el uso de antibióticos y a desconcentrar los sistemas de producción; promoviendo otro sistema de cría que no sea antibiótico-dependiente. Bajo modelos sustentables, es posible que la producción agrícola no use antibióticos de manera rutinaria sin afectar la producción en general. Incentivando prácticas sostenibles de gestión de suelos y desarrollando alternativas para la seguridad alimentaria y los medios de vida que no dependan de la destrucción de hábitats y biodiversidad.

Es indispensable mejorar una vigilancia epidemiológica integrada, que no solo incluya la vigilancia clínica de salud humana, sino también la salud animal y los alimentos de origen animal, mejorar los planes nacionales de acción para que no queden brechas, porque en Latinoamérica aún no se tiene un control de los antibióticos que se destinan a la producción animal, cuáles son y cómo se venden, la información no se encuentra transparentada en la mayoría de los países de la región, incluida la Argentina.

Necesitamos superar la metáfora de la guerra contra las bacterias, reconocer y comprender las intersecciones entre los seres humanos, los animales, las plantas y el medio ambiente. Afrontar la resistencia como un problema de salud pública a través de un abordaje múltiple, con la participación de todas las disciplinas y áreas implicadas, confiados de que la Salud es una Sola (humana, animal, ambiental), la Salud de la Madre Tierra.

Es un requerimiento urgente a nivel mundial identificar la relación de este grave problema de salud pública con el modelo de producción agroindustrial y la contaminación que provoca en el ambiente. Si escogemos incrementar los criaderos intensivos de animales, puede ser sólo una cuestión de tiempo antes de que afrontemos la próxima pandemia, llámese una nueva zoonosis, o la resistencia a los antibióticos. 

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Exhorto

11 Oct

El ambiente también está contaminado con antibióticos

Artículo de Caty Ordóñez, periodista cuencana

La resistencia a los antibióticos ha sido declarada por la Organización Mundial de la Salud, OMS, como una de los diez problemas de salud que enfrenta la humanidad y que deben ser superados con urgencia. El uso inadecuado de antibióticos en la salud humana, animal y vegetal han acelerado la resistencia.

Según estimaciones, alrededor del 70% de los antibióticos que se producen a escala global son utilizados en la crianza de animales, como promotores del crecimiento o como tratamiento profiláctico para compensar las malas condiciones de crianza animal.

En ese contexto, ReAct Latinoamérica, programa que trabaja en la región promoviendo acciones para la contención de la resistencia bacteriana a los antibióticos, junto con organizaciones sociales de América Latina, preocupadas por los impactos que tienen el uso inadecuado de antibióticos y la diseminación de la resistencia a través de los sistemas alimentarios, organizaron un foro virtual en el que se abordó con personas expertas y académicas, así como representantes de los organismos multilaterales, acerca de la cría intensiva de animales, el uso de antibióticos y la resistencia bacteriana.

El foro

Carola Cedillo, pediatra cuencana especialista en Infectología fue la primera expositora del panel internacional virtual “Cría Intensiva de animales y resistencia bacteriana a los antibióticos”, organizado por React Latinoamérica.

Cedillo manifestó que varias enfermedades que afectan a los humanos están estrechamente relacionadas con otras especies y que podríamos definir a la resistencia bacteriana a los antibióticos, como la capacidad de una bacteria para sobrevivir a concentraciones de antibióticos que inhiben a otras de la misma especie, es decir la pérdida de la eficacia de los antibióticos.

Arturo Quizhpe, coordinador regional de React Latinoamérica, señala que la pérdida de efectividad de los antibióticos, tendría graves implicaciones en el funcionamiento de la medicina moderna, porque un mundo sin antibióticos significa volver a una época sin trasplantes de órganos, sin prótesis de cadera, sin muchas cirugías que hoy son de rutina. Un mundo sin antibióticos implicaría millones más de mujeres que mueran durante el parto, imposibilidad de la quimioterapia para el cáncer, etc.

Sin un cambio radical en el uso de antibióticos, la resistencia a los antibióticos se convertirá en una de las mayores amenazas para la humanidad, para la seguridad y para la economía global, señala Carola Cedillo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que si no se toman medidas ya, para el año 2050 prácticamente la totalidad de los antibióticos serán ineficaces para prevenir y tratar enfermedades humanas.

¿Por qué se usan antibióticos en la cría intensiva de animales?.

Francesca Schiaffino, veterinaria, epidemióloga y docente de la Universidad Cayetano Heredia de Perú, indicó que los reportes actuales indican, que del 70 a 80% de los antibióticos en Estados Unidos se aplican a los animales. 

Los seres humanos consumimos esta carne, que ya tienen resistencia a los antibióticos y también originamos el problema.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó una lista de antibióticos de importancia crítica para la salud animal, como el Campylobacter, que es la principal causa bacteriana de diarrea en niños, en países en vías de desarrollo. 

Los investigadores dicen que la bacteria Campylobacter se introduce en los seres humanos por medio del consumo de la carne de pollo.

Lucas Alonso, investigador posdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina fue otro de los expositores, quien explicó que los antibióticos que se aplican a los animales, tienen varios usos: el terapéutico es para tratar enfermedades de manera efectiva, pero también tienen un uso preventivo, para contrarrestar el hacinamiento y la poca de higiene en la cría de animales de forma intensiva; y por último como promotor de crecimiento, para acelerar su producción y venta.

Una gran parte de los antibióticos  que consumen los animales, no se asimilan y se eliminan por medio de las excretas. En China en 2015, 46.000 toneladas de antibióticos fueron excretadas por animales, especialmente en la cría de cerdos.

No hay sistemas de tratamiento efectivos para eliminar los antibióticos de estos desechos, y además en países subdesarrollados, estos sistemas no tienen la capacidad para eliminarlas de forma adecuada, y el rebalse puede alcanzar cuerpos de agua cercanos y contaminarlos.

Luego de China, los mayores contaminadores son Estados Unidos, Canadá, parte de Europa. De América Latina no hay información sobre este tema, dijo.

En Argentina se hicieron estudios, donde se vio que los afluentes de agua pequeños y grandes, cerca de sitios de cría de pollos, cerdos y ganado vacuno, presentaron los niveles más altos de contaminación por antibióticos, porque reciben excretas crudas. Se conoce que 6 de cada 10 cursos de agua presentaron por lo menos 1 antibiótico en su composición.

La reutilización de estos desechos  como abonos en campos de cultivo, es otra forma de contaminación.

El coronavirus y la ganadería intensiva

Colin Nunan, asesor científico de “Aliance to save our antibiotics”  cofundada por Soil Association Compassion in World Farming and Sustain UK”, expuso el tema “El coronavirus y la ganadería intensiva”. 

Aquí se exploraron las conexiones entre las enfermedades emergentes, la ganadería intensiva y el uso de antibióticos en el contexto de la pandemia de la COVID-19.

Al igual que en los brotes del SARS, el MERS y el Ébola, la vida silvestre parece estar involucrada en la emergencia de la COVID-19.

Los científicos sostienen, cada vez más, que el creciente número de patógenos transmitidos a los seres humanos por la fauna silvestre está relacionado con la pérdida de biodiversidad: el crecimiento de la población, la apertura de carreteras, la tala de bosques y la minería están trastornando gravemente los hábitats, “hacinando” a los animales salvajes, poniéndolos en contacto cercano con asentamientos humanos y, por ende, creando más oportunidades para la transmisión de enfermedades.

Sin embargo, la principal causa de la pérdida de hábitats y biodiversidad es la expansión de la frontera agrícola, debido a la eliminación de bosques para la siembra de pastos o cultivos comerciales, incluyendo alimento para el ganado criado intensivamente.

Algunos científicos están pidiendo reforzar la vigilancia epidemiológica del ganado, particularmente de los chanchos, para determinar si el nuevo virus puede propagarse en estos animales y, desde ahí, saltar a los humanos.

Una razón para enfocarse en los cerdos, es que los coronavirus son los causantes de serios problemas de salud en las granjas intensivas de cerdos y desde allí están emergiendo nuevas cepas de virus.

La salud y la resiliencia deben estar en el centro de nuestros sistemas agroalimentarios, para ayudar a salvaguardar los antibióticos y evitar brotes de enfermedades enormemente perjudiciales. Pero si en vez de eso, escogemos incrementar los criaderos intensivos de animales, puede ser sólo una cuestión de tiempo antes de que afrontemos la próxima pandemia.

Se debe mejorar la vigilancia integrada

Margarita Corrales, representante de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) manifestó que están trabajando intensamente con los países del área, para mejorar una vigilancia integrada, que no solo incluya la vigilancia clínica de salud humana, sino también la salud animal y los alimentos de origen animal. Estamos implementando un proyecto financiado por la Unión Europea que incluye todas las etapas, indicó.

Están intentando ayudar a los países, para ver sus planes de acción para una vigilancia integrada y mejorarlos, para que no queden brechas, porque aún no se tiene un control de los antibióticos, cuáles son y cómo se venden.

Con este proyecto están trabajando con Brasil, Uruguay, Argentina, Paraguay,  Chile, Perú y Colombia, porque muchos de ellos son grandes exportadores de carne a la Unión Europea, y por eso están trabajando para se mejore esta vigilancia.

El proyecto es parte de una alianza tripartita que trabajamos con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE). La FAO se encarga del buen uso de antimicrobianos a nivel de granja, la OIE de la regulación y compilación de datos, para la venta y uso de antimicrobianos a nivel del país.

Almacenes agropecuarios expenden antibióticos en sobres multivitamínicos como promotores del crecimiento.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) está detectando esta interacción entre las cepas resistentes en humanos y a nivel veterinario, y también estamos tocando el tema ambiente, porque no se está haciendo mucho a este nivel, pero es un gran problema, dijo.

Entonces están contactando con los Ministerios de Medioambiente, para que se unan y poco a poco,  lo integren dentro de sus planes de trabajo. Agricultura ya está concienciado y con Salud también estamos en ello, porque hay muchos temas, donde también está incluida la industria farmacéutica, los veterinarios tienen que cambiar sus prácticas y adoptar otra visión de la problemática en sí, explicó.

El uso de agroquímicos

Damián Marino, investigador y docente de la Universidad Nacional de La Plata-Argentina, que viene trabajando con el uso de agroquímicos, contó que tanto el problema de los antibióticos como de los plaguicidas es el mismo. 

Estamos frente a un dilema donde así como el uso del plaguicida genera especies resistentes y cada vez lleva a mezclas más complejas y a mayores dosis, con el tema del uso de antibióticos en la cría animal, estamos en una equivalencia del modelo, donde hay que aumentar las dosis y mezclarlo con otras sustancias. En los dos casos, somos nosotros los receptores de esas situaciones y creemos que todavía no hemos captado la dimensión, porque nos vemos como un universo aparte, cuando en realidad  somos parte de una biósfera, que tiene alterados los equilibrios, y va a evolucionar a una nueva situación de equilibrio natural, con o sin nosotros.

Hay muchos estudios que están apareciendo a nivel internacional, cuando uno mira el sistema completo de estos combos de producción, porque el antibiótico se le agrega al modelo, pero el balanceado está fundado en granos, en insumos que vienen de sistemas de producción transgénica y de base química, entonces le agregan el antibiótico. 

La salida es el cambio del modelo, pero esto no va a cambiar en un año o dos, tienen que ser políticas de Estado, orientadas a ir reduciendo el uso de a poco, y concentrar los sistemas de producción.

Alternativas para un cambio 

Sobre la pregunta de Soledad Barruti, comunicadora argentina que fue moradora del panel, de si en Europa hay granjas que han modificado ciertos patrones industriales, por ejemplo criaderos de pollos, y grandes marcas que han planeado salidas al uso de antibióticos. 

Colin Nunan respondió que un claro ejemplo es en Suecia con la producción porcina, porque destetan a los lechones entre una y dos semanas más tarde, y estos cambios en la producción sí se han visto reflejados en la disminución del uso de antibióticos.

En Holanda se comunicó a los consumidores que el sistema intensivo de producción de pollos de carne, era sumamente perjudicial para la salud del pollo, porque crecían en 5 semanas y esta campaña en los medios, hizo que los supermercados decidan reducir la compra del producto.

Esto ocasionó que los demás supermercados también pidan un pollo que crezca de manera más lenta, sin embargo, en Holanda la mayor parte de la producción de pollos se exporta, y ahí sí venden el pollo de crecimiento más rápido.

Se comparó el uso de antibióticos en los dos tipos de producciones, y se vio que los que producían más rápido, usan tres veces más antibióticos, que los que son de  crecimiento más lento.

¿Cuán importante y cuál es el efecto de los antibióticos sobre la salud del microbioma humano?

Arturo Quizhpe indica que los antibióticos no afectan solo a nuestro ambiente externo, no solo contaminan el aire, el agua, el suelo, ejercen presión selectiva y generan resistencia bacteriana, sino que también afectan nuestro cuerpo, al conjunto de seres invisible que habitan nuestras superficies e interior del cuerpo y afectan al microbioma. En los últimos años, se han realizado mayores esfuerzos para comprender el microbioma y cómo los antibióticos producen cambios en él. 

Un informe de La Escuela de Higiene y Medicina Tropical de la Universidad de Londres, explica que el intestino humano contiene una amplia gama de “bacterias buenas” llamadas microbioma, que aseguran una digestión saludable. Desafortunadamente, el uso generalizado de antibióticos y los cambios en las dietas, han causado estragos en el delicado ecosistema del intestino humano. Agotadas las bacterias buenas, las personas tienen problemas en la digestión, e inmunidad reducida frente a las infecciones. 

Necesitamos un abordaje integral que relieve el rol del medioambiente, el mal uso de los antibióticos, y sus efectos en los diferentes ecosistemas.Necesitamos superar la metáfora de la guerra contra las bacterias, reconocer y comprender las intersecciones entre los seres humanos, los animales, las plantas y el medio ambiente. Afrontar la resistencia como un problema de salud pública a través de un abordaje múltiple, con la participación de todas las disciplinas y áreas implicadas, confiados de que la Salud es una Sola, la Salud de la Madre Tierra.

Caty Ordóñez

Comunicadora Social con más de 16 años de experiencia en Periodismo, en diario El Mercurio. Ha trabajado también en importantes medios escritos y televisivos de la región como Diario El Tiempo y ETV Telerama.

13 Sep

Sepsis y resistencia a los antibióticos

El 13 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Sepsis. Su declaración fue promovida por la Alianza Global por la Sepsis en 2012 y tiene como objetivo crear conciencia global sobre la sepsis, que cada año causa alrededor de 6 millones de muertes en todo el mundo. La infección bacteriana es comúnmente la principal causa, y el tratamiento oportuno con antibióticos efectivos es esencial para la supervivencia.

¿Qué es la sepsis?

Según un documento de consenso publicado por expertos internacionales en 2016, la sepsis debe definirse como “disfunción orgánica potencialmente mortal causada por una respuesta inmunitaria desbalanceada, frente a una infección”.

Los autores también apoyan la siguiente descripción pública de la sepsis, que se sugirió en un artículo de 2011: “La sepsis es una afección potencialmente mortal que surge cuando la respuesta del cuerpo a una infección daña sus propios tejidos y órganos”.

Por tanto, la sepsis no es una infección en sí misma, sino una respuesta corporal extrema. Si no se diagnostica y trata a tiempo, las consecuencias pueden incluir daño irreversible a los tejidos, insuficiencia orgánica múltiple, choque séptico y muerte. Una variedad de infecciones (bacterianas, virales, parasitarias y fúngicas) pueden provocar sepsis, incluidas afecciones comunes como neumonía e infecciones del tracto urinario.

El tratamiento con antibióticos de amplio espectro es una práctica estándar

La sepsis es una emergencia que necesita atención y tratamiento inmediatos. Dado que las infecciones bacterianas son una causa frecuente de septicemia, el tratamiento oportuno con antibióticos de amplio espectro es una práctica estándar para maximizar las posibilidades de éxito del tratamiento y la supervivencia del paciente, debido a que, generalmente no hay tiempo suficiente para esperar los resultados de las pruebas de laboratorio que puedan informar sobre, por ejemplo, la susceptibilidad a los antibióticos. 

Debido a esto, mantener la resistencia a los antibióticos al mínimo es importante, ya que el aumento de los niveles de resistencia a los antibióticos puede tener efectos desastrosos. Si la infección subyacente es causada por una bacteria susceptible o resistente, puede ser una cuestión de vida o muerte.

La sepsis también puede afectar a pacientes con COVID-19

La sepsis también puede ser causada por infecciones virales. A medida que se acumulan los datos científicos sobre COVID-19, se hace evidente que la sepsis también afecta la mortalidad en la pandemia actual. Dado que la COVID-19 es una enfermedad viral, no se puede tratar con antibióticos. Sin embargo, el antibiótico podría usarse para tratar infecciones coinfecciones bacterianas, aunque estas parecen ser bastante raras en este grupo de pacientes. Un artículo de revisión reciente encontró que las coinfecciones bacterianas ocurrieron en el 7% de los pacientes hospitalizados con COVID-19. A pesar de esta baja frecuencia, la mayoría de los pacientes hospitalizados con COVID-19 reciben tratamiento con antibióticos, que es problemático desde la perspectiva de la resistencia a los antibióticos.

Sepsis: una complicación común para pacientes con cáncer

Las personas con sistemas inmunitarios debilitados corren un riesgo especial de sepsis. Los pacientes tratados por cáncer, y en particular los tratados por cáncer de sangre, son uno de esos grupos. El sistema inmunológico de estos pacientes puede estar debilitado debido al cáncer en sí, al tratamiento del cáncer o a ambos, en particular, la sepsis es una de las razones más comunes para la admisión de pacientes con cáncer en las unidades de cuidados intensivos, y la sepsis causa cerca de una décima parte de todas las muertes en este grupo de pacientes. Si aumenta la prevalencia de la resistencia a los antibióticos, podemos esperar que este número aumente mucho más.

Resistencia a los antibióticos y sepsis neonatal

Aproximadamente 3 millones de recién nacidos sufren de sepsis neonatal cada año y medio millón de estos casos resultan en la muerte. Las buenas prácticas de higiene en los hospitales y en las comunidades, como garantizar el acceso a agua potable, pueden prevenir muchas de estas muertes. Garantizar que existan programas sólidos de prevención y control de infecciones (PCI) en los hospitales, ayuda a prevenir infecciones y la transmisión bacteriana, pero también la progresión de estas infecciones a sepsis. 

Es alarmante que tres de cada diez muertes por sepsis neonatal probablemente sean causadas por patógenos resistentes. Lo que agrava el problema es la falta de nuevos antibióticos en desarrollo para ayudar a tratar la sepsis neonatal debida a patógenos resistentes. Hay aproximadamente 37 antibióticos en ensayos de desarrollo, pero solo dos están en estudio para su uso en niños. 

Algunos datos

  • Aproximadamente el 70% de los trabajadores de la salud y el 50% de los equipos quirúrgicos no practican habitualmente la higiene de las manos. 
  • La higiene de las manos salva millones de vidas cada año cuando se realiza en los momentos adecuados en la atención médica. 

¿Cómo reconocer a tiempo la sepsis?

A veces, puede presentar diferentes signos y síntomas de advertencia, algunos de los cuales pueden causar una identificación errónea con otras afecciones. Una infección séptica puede causar fiebre, pero también puede causar baja temperatura corporal, extremidades frías y escalofríos. Puede haber dificultad para respirar o respiración rápida, así como un aumento de la frecuencia cardíaca o, por el contrario, un pulso débil y presión arterial baja. Puede causar baja producción de orina, así como piel teñida de azul, moteada o anormalmente pálida, y un estado mental alterado. Finalmente, puede causar dolor o malestar corporal extremo, lo que hace que sea fácil confundirlo con influenza o intoxicación alimentaria.

En los niños, la sepsis puede presentarse a través de respiración muy rápida, convulsiones, piel pálida, letargo o dificultad para despertarse o sensación de frío anormal al tacto. Para los niños menores de 5 años, puede causar dificultad para alimentarse, vómitos repetidos o falta de micción.

Sospechar la sepsis y actuar rápidamente es crucial para el diagnóstico y el reconocimiento temprano.

02 Sep

COVID-19, microbios y salud. ¿Qué debemos saber las comunidades?

Desde el inicio de la emergencia sanitaria global provocada por la Covid-19 a finales de noviembre de 2019 , hasta el momento ya ha superado los 25 millones de personas contagiadas en todo el mundo y más de 850 000 fallecidas. 

Aunque el origen cierto del virus SARS-COV-2, causante de la Covid-19, aún no ha sido determinado con absoluta certeza, lo que sí está claro es que se trata de una enfermedad zoonótica, producto de una degradación de los ecosistemas y la invasión de los hábitats silvestres, resultado de las actividades humanas como la cría intensiva de animales y la deforestación para dar paso a grandes extensiones de monocultivo[1].

Ahora se conoce mejor la sintomatología de la enfermedad, las formas de transmisión, los tratamientos y la forma de prevenir el contagio. Pero en todo esto es importante el papel de la comunidad, el conocimiento de estos temas, le permite actuar con oportunidad y de forma eficaz.

Una guía completa

Para eso, es necesario contar con información clara y sencilla sobre los microbios y la COVID-19, su posible origen y causas, mecanismos de contagio, efectos sobre la salud individual y grupos vulnerables, y las principales estrategias de contención para disminuir los riesgos de contagio. Desde un enfoque integral, es también importante reconocer el rol de los microrganismos para la vida, entender por qué nos enferman y saber cuáles son las medidas necesarias que las comunidades podemos poner en práctica para tener una mejor relación con el mundo microbiano. 

Este documento recoge y presenta de forma ágil, los aspectos principales que las comunidades debemos conocer sobre la Covid 19, para enfrentar de foma eficaz esta amenaza a la salud pública, cuidar de forma responsable los antibióticos y medicamentos en general, y preservar la salud de la Madre Tierra para evitar a futuro nuevas enfermedades que pueden convertirse en pandemias.

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[1] https://reactlat.org/el-coronavirus-y-la-ganaderia-intensiva/