22 Mar

Sin agua no hay salud ni educación para la niñez

CADA 22 DE MARZO SE CELEBRA EL “DÍA MUNDIAL DEL AGUA”, a fin de hacer un llamado y sensibilizar sobre su importancia fundamental y cuidado para la salud y continuidad de la vida.

Un día para recordarnos que el acceso al agua segura es un derecho humano fundamental. Sin embargo, muchas comunidades alrededor del mundo se ven limitadas en el acceso al agua potable y, por lo tanto, afectadas en su salud. A través del informe[1] elaborado por UNICEF y la Organización Mundial de la Salud se evidencia la alarmante situación global, “alrededor de 2.200 millones de personas en todo el mundo no cuentan con servicios de agua potable gestionados de manera segura, 4.200 millones de personas no cuentan con servicios de saneamiento gestionados de manera segura y 3.000 millones carecen de instalaciones básicas para el lavado de manos” [1].

En el contexto actual, atravesando a nivel mundial una pandemia, el acceso al agua segura, para el correcto y frecuente lavado de manos, se convierte en una necesidad doblemente esencial, para prevenir la COVID 19 y otras enfermedades infecciosas.

La región de Latinoamérica posee una cobertura del 74% de agua potable segura, siendo aún un 24% insatisfecha, particularmente en las zonas rurales y pobres, que agravan su situación de pobreza por la prevalencia de enfermedades producto de la falta de acceso al líquido vital. Sumado a eso que la cobertura de saneamiento apenas alcanza un 31%, poniendo en mayor estado de vulneración el Derecho a la Salud de niños, niñas y adolescentes. 

Si el agua no es segura para su consumo, puede convertirse en un transmisor de enfermedades infecciosas.

Derecho de los niños y niñas al agua

Teniendo en cuenta la situación mundial sobre el acceso al agua, niños y niñas se encuentran en un estado de vulnerabilidad mayor. Su consumo es vital y forma parte de la vida cotidiana de las personas, para su uso en saneamiento e higiene, y tiene, además, un valor importante para preservar la dignidad de las personas. 

No tener agua segura y disponible en edades tempranas es la principal causa de enfermedades causantes de muerte, “cada año, 297.000 niños menores de 5 años mueren debido a la diarrea relacionada con la falta de agua, saneamiento e higiene” (OMS). 

Se estima que alrededor de 400 millones de niños y niñas en edad escolar son infectados por parásitos intestinales producto de aguas contaminadas, perjudicando su aprendizaje pleno.

Generalmente, las tareas domésticas como la recolección de agua, limpieza de las letrinas y la eliminación de los desperdicios son realizadas por niñas, lo que impide que las niñas asistan regularmente a la escuela. 

En relación a la niñez es importante destacar que el agua es fundamental para que los niños y niñas puedan mantener la higiene necesaria para una vida sana, digna, aprendiendo a cuidar y respetar su cuerpo. También tiene un rol importante en el crecimiento y desarrollo infantil. Junto con una alimentación adecuada, una hidratación suficiente y segura es indispensable para desarrollarse saludablemente.  

Agua para garantizar el derecho a la salud y la educación

Cuando los chicos y chicas mantienen una buena salud y no se enferman frecuentemente, logran mantener una escolaridad regular, culminar sus estudios y desarrollar de mejor manera sus metas y proyecto de vida. 

Disponer de escuelas con agua y saneamiento adecuados garantiza el Derecho a la Salud y a la Educación de niños y niñas. Proporcionando un espacio escolar adecuado y que mantiene las necesidades básicas de consumo de agua, higiene y saneamiento, la niñez puede concurrir libremente a la escuela, estar en condiciones de salubridad que les predispone a mejores condiciones de aprendizaje, juego y relación con sus pares. Todos aspectos esenciales para un desarrollo infanto-juvenil saludable. 

La situación de las niñas en relación a la escolaridad, agua y saneamiento tiene aspectos particulares. Las niñas, en especial durante su período menstrual, necesitan privacidad y acceso al agua para su correcta higiene y seguridad. No disponer de estas necesidades, en muchas situaciones favorece la ausencia de las niñas a las clases, pudiendo desencadenar una posterior deserción escolar. 

 Para abordar esta problemática, en el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 6, se hace especial referencia a la situación de mujeres y niñas: “Para 2030, lograr el acceso equitativo a servicios de saneamiento e higiene adecuados para todos y poner fin a la defecación al aire libre, prestando especial atención a las necesidades de las mujeres y las niñas y las personas en situaciones vulnerables”.

Otro factor importante a tener en cuenta es que, el agua segura, es garantía de la disminución de enfermedades infecciosas teniendo un doble efecto. Por un lado, reduciendo de esta forma las brechas de pobreza, puesto que las familias pobres pueden invertir mejor sus ingresos en otras prioridades y no en medicamentos y tratamientos; y por otro lado, reduce la prevalencia de la resistencia bacteriana, debido a que al reducir las infecciones se reduce el uso de antibióticos.

Todos los niños y niñas deben conocer sus derechos, para poder defenderlos y exigir su cumplimiento cuando no sean garantizados.  

Aunque algunas regiones, países e incluso ciudades pueden ser más favorecidas en relación al acceso al agua, el compromiso de las personas y los Estados por garantizar el agua segura, debe ser una prioridad.

En la mayoría de los países de la región, son responsabilidad de los gobiernos locales (Municipios / Prefecturas) la dotación de acceso a agua potable segura, para garantizar la salud plena de la población, por tanto, quienes deben dotar de la infreaestructura necesaria para que se garantice el acceso al agua en los establecimientos escolares y educativos.

También es nuestra obligación hacer frente al cambio climático, puesto que la región de Latinoamérica es una de las regiones con mayores sucesos de incertidumbres y amenazas en la dotación de agua segura.  Largas temporadas de estiaje y sequía, provocan el desabastecimiento y por tanto racionamientos y cortes, y por otro lado, las constantes lluvias producen deslizamientos frecuentes que ponen en riesgo las fuentes de captación de agua. Actividades extractivistas o de deforestación atentan contra las fuentes y cuerpos de agua, limitando también la disponibilidad de agua para consumo humano.

Relacionado:

agua

Referencias: 

https://www.who.int/es/news/item/18-06-2019-1-in-3-people-globally-do-not-have-access-to-safe-drinking-water-%E2%80%93-unicef-who

https://blogs.worldbank.org/es/voices/la-falta-de-acceso-un-retrete-y-articulos-para-el-lavado-de-manos-afecta-mas-las-mujeres-y-las-ninas

https://es.unesco.org/news/aguas-latinoamerica-y-caribe-contribuciones-tiempos-covid-19

https://www.unicef.org/wash

https://www.argentina.gob.ar/obras-publicas/hidricas/agua-potable-y-saneamiento-0

https://www.argentina.gob.ar/obras-publicas/hidricas/agua-potable-y-saneamiento-0

https://publications.iadb.org/publications/spanish/document/Servicios-de-agua-potable-y-saneamiento-resilientes-en-America-Latina-y-el-Caribe.pdf


[1] Informe del Programa Conjunto de Monitoreo, Progress on drinking water, sanitation and hygiene: Special focus on inequalities, 2000-2017 (Progresos en materia de agua potable, saneamiento e higiene: Atención especial a las desigualdades, 2000-2017)

08 Mar

Las brechas de género y la resistencia a los antibióticos

Los antibióticos son uno de los soportes de la medicina moderna, sin los cuales no sería posible el tratamiento de las infecciones como la neumonía, del tracto urinario o la tuberculosis, como tampoco sería posible los trasplantes de órganos, tratamientos para el cáncer o cirugías; sin embargo, el uso de estos medicamentos puede verse limitado y los tratamientos fracasarían debido a la resistencia bacteriana a los antibióticos, producto del uso inadecuado.

También estos medicamentos son importantes para la salud animal, por lo que, si la prevalencia de la resistencia se mantiene o avanza, podría poner en riesgo la producción de alimentos y la aparición de enfermedades zoonóticas. Las personas que trabajan en la salud, la agricultura o la producción de alimentos también se volverán más vulnerables, ya que están cada vez más expuestas a bacterias resistentes en los animales y humanos con los que interactúan.

Pero, ¿cómo acceden los diferentes grupos poblacionales a los tratamientos con antibióticos? ¿Cuál es el uso que le dan los diferentes grupos, basados en sus condiciones físicas y sociales, a los antibióticos? ¿Cómo es la respuesta de la población a la enfermedad, al uso de medicamentos y al acceso a los servicios sanitarios? ¿Cómo afecta los contextos socio culturales al uso adecuado de los antibióticos y la resistenccia bacteriana, particularmente en los países de ingresos medianos y bajos?

Un enfoque de integración de la perspectiva de género puede ayudar a responder estas preguntas cruciales sobre cómo los hombres, las mujeres y las personas de diversos géneros podrían tener riesgo diferente para enfermar y/o ser afectados por la resistencia a los antibióticos. También puede ayudar el diseño e implementación de programas para abordar la resistencia a los antibióticos e identificar los vínculos multisectoriales que deben formar parte de la intervención. La incorporación de la perspectiva de género puede brindar oportunidades para compartir los costos del programa, facilitar perspectivas más holísticas y resultados sostenidos a largo plazo.

Y es con ese objetivo que ReAct da el primer paso para integrar a su trabajo el entendimiento de las intersecciones entre sexo, género y resistencia bacteriana a los antibióticos en un informe que recoge estas interrogantes y que parten de reflexiones académicas sobre los conceptos y que luego expone en la práctica las enfermedades, el acceso y uso de los antibióticos y las brechas que se generan en los diferentes contexto socio culturales.

A lo largo de este estudio, se puede notar las diferencias en la prevalencia de las  enfermedades según las condiciones físicas y biológicas de las personas. Por ejemplo, las mujeres quedan embarazadas mientras que los hombres no, y los cambios fisiológicos en el sistema inmunológico durante el embarazo se han relacionado con resultados graves de algunas enfermedades infecciosas como la tos ferina y la influenza. Otro ejemplo, las infecciones de tracto urinario (ITU) son más recurrentes en las mujeres que en los hombres en una proporción de 8 a 1. Sin embargo, tanto la aparición de la enfermedad como el acceso a los tratamientos, presentan brechas que están en relación con los contextos sociales y culturales. Así por ejemplo, la mutilación genital de niñas les produce a lo largo de su vida mayor incidencia de las ITU. En el caso de Tanzania, por ejemplo, las mujeres con ITU tienen menos probabilidades de recibir tratamiento, principalmente debido al estigma, porque en el caso de las mujeres, las infecciones urinarias se consideran una infección de transmisión sexual, en tanto que no se percibe así para el caso de los hombres y los niños. Como tal, las mujeres con sospecha de infección urinaria se automedican en casa con antibióticos o engañan a los proveedores de salud sobre sus síntomas, lo que provoca prescripciones incorrectas que podrían incrementar la resistencia a los antibióticos.

También está el caso de la automedicación. Un estudio reseña que los hombres portugueses tenían el doble de probabilidades de acceder a antibióticos por su cuenta en relación a las mujeres. Sin embargo, en los países de ingresos bajos y medios, la cifra se invierte. Las diferencias entre profesionales mujeres y hombres también es evidente: las doctoras hacen hincapié en la medicina preventiva, prescriben menos antibióticos y sostienen consultas más prolongadas, mientras que los doctores se enfocan en aspectos técnicos como exámenes físicos, historiales médicos y recetas, y por lo tanto brindan diferentes formas de tratamiento a hombres o mujeres, a pesar de tener las mismas enfermedades.

Otro caso de las diferencias de uso de antibióticos y sus consecuencias diferenciadas de la resistencia bacteriana tiene que ver con la crianza de animales. Las familias de sectores pobres, en los que los servicios de salud animales son limitados, y al no contar con recursos suficientes, se encargan por si mismas del tratamiento con antibióticos de animales enfermos, sin el cuidado y manejo adecuado que implica el uso de estos fármacos. Estas prácticas pueden promover la resistencia a los antibióticos, sumado a eso que la única opción disponible para estas personas es el tratamiento casero. 

Por otro lado, las relaciones de poder concentran la propiedad y bienes en manos de los hombres y eso incluye los animales mayores (ganado vacuno, caballos), en tanto que las tareas de cuidado y producción de los animales menores (aves de corral, ovejas, cuyes) están al cuidado de las mujeres. Como consecuencia, en los pocos casos en que los expertos de campo ofrecen a los agricultores capacitación en salud animal y quizás en el uso prudente de antibióticos, es más probable que se invite a los hombres porque son los dueños de los rebaños y son los que toman decisiones sobre la salud del rebaño. Las contribuciones de las mujeres son ignoradas en gran medida, lo que resulta en brechas de género tanto en el conocimiento como en la conciencia sobre la resistencia a los antibióticos.

Para entendre mejor la problemática acerca de las intersecciones entre sexo, género, uso de antibióticos y resistencia bacteriana, ReAct presenta a continuación este informe, con el objetivo de iniciar un .

Genero-y-Sexo-en-la-RBA

Descargar el informe

01 Mar

Impacto de la COVID-19 en la microbiota intestinal

La enzima conversora de la angiotensina 2 (ECA2) es el receptor clave del SARS-CoV-2, el virus responsable de la pandemia de COVID-19. Su expresión en la superficie luminal del intestino condujo a los investigadores a examinar su papel exacto y el impacto de la COVID-19 en la microbiota y el epitelio intestinal.

Si bien la COVID-19 se manifiesta generalmente por síntomas respiratorios, una proporción importante de pacientes presenta trastornos gastrointestinales, en especial diarrea, vómitos y dolor abdominal. En 29 de un total de 35 estudios que incluyeron 6686 pacientes con la COVID 19, la prevalencia de manifestaciones gastrointestinales alcanzó el 4% y la de anomalías de la función hepática el 19%. Estos síntomas fueron más severos en los casos en que la carga viral era mayor. Además, en alrededor del 10% de los casos, los pacientes solo presentaron manifestaciones gastrointestinales, sin ningún síntoma respiratorio.

Una alteración de la regulación de la ECA2 intestinal

Para establecer la relación entre trastornos intestinales y COVID-19, los investigadores se interesaron por el papel de la enzima conversora de la angiotensina 2 (ECA2), receptor de la proteína Spike1 del SARS-CoV-2, en la inflamación intestinal. Se expresa intensamente en el intestino y su función es controlar la absorción de ciertos aminoácidos de la dieta, como el triptófano, que desempeña un papel importante en la inmunidad. En efecto, varios estudios preclínicos sugieren que la ECA2 intestinal es un regulador fundamental de la inflamación intestinal. En un modelo de ratón “ECA2 knockout”2, la ausencia del gen de la ECA2 da lugar a una colitis3 más severa. En otro modelo en el que se induce la inflamación mediante el estrés, el aumento de la expresión de la ECA2 muestra una correlación positiva con una disminución de la inflamación en los animales tratados con un medicamento antihipertensivo4. Así pues, un déficit de ECA2 acentúa la sensibilidad del intestino a la inflamación.

¿Una disbiosis intestinal persistente?

Además, la excreción del virus a través del tubo digestivo sería más prolongada que por vía respiratoria. El ARN del SARS-CoV-2 persiste en las heces en más de la mitad de los pacientes, incluso después de una PCR nasofaríngea negativa, y hasta 33 días después de la curación sintomática de una lesión pulmonar. Un estudio con 15 pacientes muestra también una persistencia de la disbiosis intestinal más allá de la infección, con una pérdida de especies beneficiosas en la mayoría de los pacientes. Por lo tanto, la exposición al SARS-CoV-2 podría tener efectos negativos duraderos sobre la microbiota intestinal.

Según los autores, al regular a la baja la ECA2 intestinal, el SARS-CoV-2 podría alterar la microbiota intestinal y aumentar la inflamación sistémica, lo cual podría explicar el fallo multiorgánico observado en la COVID-19.

Artículo tomado de Biocodex