Resistencia bacteriana, ¿qué es?

Cada antibiótico (o agente antibacteriano) es eficaz solamente para un segmento del mundo microbiano, lo que significa que para un antibiótico específico hay ciertas bacterias susceptibles a su acción y otras que no lo son. Se denominan “naturalmente resistentes” a las especies bacterianas no susceptibles a un fármaco en particular. Las especies con “resistencia adquirida” son aquellas que en un principio fueron sensibles a un fármaco, pero eventualmente desarrollaron resistencia. Es importante anotar que la “resistencia adquirida” afecta específicamente a un subconjunto de cepas dentro de una especie. Es por ello que la prevalencia de “resistencia adquirida” para una especie es diferente de acuerdo con su distribución geográfica.

La resistencia a los antibióticos es la habilidad adquirida de un patógeno para resistir la acción de un antibiótico que mata a sus contrapartes sensibles. Se origina en mutaciones al azar de genes existentes o intactos que ya servían para un propósito similar. La exposición a antibióticos y otros productos antimicrobianos, ya sea en el cuerpo humano, en animales, o en el ambiente, aplica una presión selectiva que favorece el surgimiento de la resistencia, beneficiando a las cepas “naturalmente resistentes” o las cepas que desarrollan “resistencia adquirida.”

Las bacterias también transfieren genes horizontalmente, pasando información genética a otros microbios de manera directa, diseminando estos factores de resistencia a microorganismos ambientales inofensivos, comensales y patógenos, creando así un reservorio de resistencia.

Además, la resistencia se disemina a través de la replicación de microbios que portan genes de resistencia, un proceso que tiene como resultado progenie genéticamente idéntica (clon).

El significado específico de “resistencia a los antibióticos” depende enteramente del contexto. En este documento, resistencia se define como la habilidad de un microorganismo bacteriano para sobrevivir concentraciones antibióticas que matan células sensibles de la misma cepa. Es importante anotar que por cada antibiótico, existen cepas sensibles, que son eliminadas o inhibidas por la droga, y cepas naturalmente resistentes. Cuando una cepa sensible adquiere la habilidad de resistir la acción del antibiótico, esta cepa ya es “resistente al antibiótico”.

En otras palabras, la resistencia a los antibióticos quiere decir que un patógeno es menos susceptible que sus contrapartes y podría no responder a la acción de un antibiótico, ya que posee un gen de resistencia que le confiere esa habilidad. La evolución de los microorganismos, de la misma manera que la de todos los seres vivientes, es darwiniana: enfrentados al cambio, sólo los más aptos sobreviven. Los antibióticos representan un desafío evolutivo, frente al cual los microorganismos están ante la disyuntiva de sobrevivir o perecer.

Comúnmente, la resistencia es considerada de manera simplista: un microorganismo es resistente o no lo es, cuando en realidad la resistencia es un gradiente que refleja variaciones naturales fenotípicas y genotípicas en poblaciones microbianas. Por ejemplo, la concentración inhibitoria de un antibiótico dado puede variar entre cuatro o cinco veces entre cepas de “tipo salvaje”. Es más, los genes de resistencia en bacterias aisladas clínicamente pueden ser idénticos a los genes en poblaciones “naive” (ingenuas), que no han sido expuestas a antibióticos. Asimismo, distintos mecanismos confieren distintos niveles de resistencia. Los niveles bajos de resistencia son a menudo ignorados, aunque pueden jugar un papel importante en la expansión de la misma. Las definiciones actualmente aceptadas de resistencia a los antibióticos no toman en cuenta tal diversidad.

La resistencia es, a menudo, tratada como una consecuencia indeseable del abuso o el mal uso de antibióticos. Esta perspectiva es simplista e inexacta: la tasa de aparición de la RAB está relacionada con todos sus usos, no solamente con el mal uso, y con el total de antibióticos usados. Y el medio ambiente también juega su papel: un factor subyacente que puede estar contribuyendo a la resistencia es la falta de higiene y de saneamiento adecuados, que favorecen la rápida proliferación y diseminación de patógenos.

Los métodos de diagnóstico rápido y la vigilancia se encuentran entre los mecanismos más valiosos para prevenir la diseminación de la resistencia. El acceso a métodos de diagnóstico rápido para determinar el agente causal de una infección y su sensibilidad antibiótica nos permitiría seleccionar más ágil y acertadamente los fármacos, ayudaría a retrasar la selección de cepas resistentes en ambientes clínicos y daría lugar a una vigilancia más eficaz de las enfermedades. También se necesita una red de vigilancia rigurosa para seguir la evolución y la diseminación de la resistencia, lo cual podría significar una disminución sustantiva de los costos sanitarios.

La Caja de Herramientas es un potente recurso que le ayudará a entender y tomar acción para la contención de la Resistencia Bacteriana.

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